JOYAS DE "EL
COMERCIO"
El Comercio, bajo la influencia de la nueva generación de los
Miró Quesada y de la Guerra, (el más
vehemente de ellos Luis, que contaba alrededor de veintidós años) respondió insultantemente a baldassari. Este replicó con violencia. De donde, un mal día, el 3 de mayo de 1902, un grupo de operarios y redactores de El Comercio, capitaneados
por el joven Luis Miró Quesada, invadió, revólveres y garrotes en mano, las oficinas de La Idea Libre, Rabiosamente destruyeron los
muebles de Baldassari, que felizmente estaba ausente, y Se encararon con Tassara. Este,
armado de su revólver repelió a tiros el ataque a su propiedad y a su vida. Hubo
hombres apaleados y maquinas rotas. Y resultó muerto el joven Pazos Varela, de veinte años acompañante de Luis Miró Quesada. Oigamos el relato de Alfredo González Prada, escrito a los treinta y tantos años del suceso:
"El 3 de
mayo de 1902, en lo más encendido de una polémica entre dos periódicos de Lima, La Idea Libre y El Comercio, un grupo de redactores y tipógrafos de este último diario (capitaneado por Luis Miró Quesada, hijo del director propietario de El Comercio) asaltó las oficinas de La Idea Libre, abaleó y apaleó a los redactores y deterioró las
maquinarias. Revólver en mano, Glicerio Tassara (director de La Idea Libre) trató de
repeler el asalto, En la refriega, Luis Pazos Varela ( uno de los agresores mozo de veinte años) cayó herido de muerte. -Ileso de les balas pero con feroces magulladuras de garrote y manopla, Tassara fue detenido y sometido a juicio criminal. Después de una larga detención en la cárcel de Guadalupe fue absuelto por los tribunales de Justicia, gracias a la brillante defensa de su abogado Alberto Químper, A raíz del ataque, los redactores de La Idea Libre lanzaron un boletín explicando los. Sangrientos sucesos. En esa hoja suelta que lleva fecha del 6 de mayo de 1902, y pie de imprenta de un- taller comercial de Lima, publicó González Prada "Una lección”
Los sucesos descritos por Alfredo, tuvieron grave resonancia. La polémica había empezado
por las críticas de La Idea Libre al gobierno de Romaña, del que se erigió
en espontáneo y violento 'defensor El Comercio acostumbrado a no ser desmentido. La discrepancia de opiniones derivó a
gresca verbal: pasaron a las "vías del hecho"
en un saldo funesto. En realidad, Tassara actuó en defensa propia y de su casa. Estaba
exculpado. Pero, no: Sucedió
al revés: la gente de El Comercio, no obstante la claridad del relato en el expediente
judicial correspondiente,
mientras Tassara, cuya casa había sido asaltada y deteriorada, permanecía en
prisión, el jefe de los atacantes, una verdadera pandilla de montoneros, gozaba de plena libertad. Es ante semejantes hechos, e irritado por tales atropellos reveladores
del estado de la justicia en el Perú de 1902 por lo que Don Manuel escribió
las dos tremendas páginas mencionadas: Una lección y La ley del palo.
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