sábado, 22 de abril de 2017

"Cuando el pintor Tola vivaba a Sendero Luminoso"


Un día el periodista Umberto Jara quiso hacerle una entrevista al pintor José Miguel Tola. El pintor aceptó, pero con una condición: Jara haría las preguntas verbalmente pero Tola respondería por escrito, a mano, en letra de imprenta. El resultado, publicado en la revista "Debate" en mayo de 1990, sería este texto siniestro y alucinado.



Un día el periodista Umberto Jara quiso hacerle una entrevista al pintor José Miguel Tola. El pintor aceptó, pero con una condición: Jara haría las preguntas verbalmente pero Tola respondería por escrito, a mano, en letra de imprenta. El resultado, publicado en la revista "Debate" en mayo de 1990, sería este texto siniestro y alucinado.

"Lima, el Perú. ¿Cómo ve en este momento la realidad nacional, la violencia, las clases sociales? ¿Cuál es su posición dentro de estos ámbitos? ¿Qué significa esto para usted, cómo lo entiende, lo explica? ¿ Por qué nunca le gustó Lima?... Iba a seguir preguntando pero ya estaba escribiendo otra vez, sumergido en los trazos que iban caligrafiando esas páginas. Hay una botella de vodka. También un extraño libro, El arte de matar, sobre las diferentes _formas de ejecución que el hombre ha utilizado a lo largo de los siglos. Con esos materiales espero.

¡Viva Sendero Luminoso! ¡Arriba el MRTA!... Ya nada de «Proletarios del mundo, uníos»... Ahora lo que se quiere es sangre, explosiones, coches bomba, extorsión a mineros, ejecuciones selectivas a funcionarios corruptos, genocidios, paralizaciones, huelgas, alcaldes ejecutados, rondas campesinas masacradas después de un partido de fútbol contra insurgentes. Diez soldados muertos por acá, catorce de los otros, un capitán, periodistas, zonas de emergencia, soldados con la cara cubierta con pasamontañas. ¿Por qué?, no creo que sea por vergüenza. El soldado siempre ha sido el símbolo del orgullo militar. El rostro levantado, la frente en alto.., eso nos enseñaron de niños. ¡Maten! ¡Maten! ¡Mátense! ¡Los unos a los otros! Dinamiten. ¿Qué más? No se me ocurre. Miraré los noticiarios esta noche. Compraré periódicos. Sea como sea, es un gran negocio para ustedes, de lo más lucrativo. Las empresas deben estar felices, no se me ocurre qué otra cosa publicarían. El periodismo perdería su gran atracción, seríamos aún más olvidados en el extranjero. Muchos cortos, fotos, relatos, filmaciones superan a la serie Miami Vice. No sé por qué la televisión llega tarde. Bueno, aun con la imagen de unas gotas de sangre se conforman... Lo de El Sexto fue una de las mejores películas. Creo que la vi doce o cuarentaitrés veces. Durante una semana no daban otra cosa. Lo que no recuerdo es quién fue el director y de dónde sacaron tan buenos actores. La de Lurigancho, con monja y todo, fue otra de las buenas, o la del guardia sobre la ventana disparando. ¡Realmente espectaculares! Eso es lo que le gusta a la gente, definitivamente. Y, repito, de lo más rentable.

Las huelgas resultan ya un poco ridículas, el rochabús, la policía apagando llantas, gente que corre, el desgastado grito «el pueblo unido,..», «queremos...», el diputado al frente quejándose de que fue golpeado, para que lo vean con la camisa rota o levantándose el pantalón para mostrar el moretón. Eso aburre, en verdad. Barriadas, los trabajadores en camiones como animales por llegar a sus trabajos, ya no sé qué clase de pueblo es este. Mayorías populares, muertas de inanición, enfermas. Aun así pueden hacer la guerra, levantarse del suelo. ¿Acaso no les duelen las rodillas?

Hagan algo. ¡Que empiece la guerra! Unos contra otros. ¡Explotados contra explotadores! Les aseguro que perderán, pero pasarán a la historia. ¡Pero hagan algo! No los entiendo, en verdad. Dejen esa vocación de extras. Conviértanse en verdaderos actores. Piensen en grande. Se verán en todos los noticiarios del mundo. Miren las películas de los afganos, libaneses, nicaragüenses... y tantos, tantos. No crean que los «sucios burgueses», esos «explotadores de mierda», se van a quejar; les gusta, de verdad les digo. Se divierten como tontos. Lo graban en sus betarnax y lo pasan los domingos a la hora del almuerzo. Yo creo que ustedes están pensando que a ellos les desagrada. ¡Qué poca imaginación! ¡Viva, pues, la lucha armada! El negocio es formidable. No hay copyright, derechos de autor, ni gastos de producción para estas superproducciones en cortometraje.

Ustedes han hecho funcionar los cerebros de los intelectuales y han abierto todo un campo de estudios con alta tecnología cibernética. Pero por su poca capacidad, ya que no saben qué ofrecer al no encontrar soluciones. Las compañías aéreas, los consulados y sus visas, los pasaportes y sus renovaciones, los vendedores de maletas, las artesanías para recordar a la patria, correos con su incremento de ingresos por el éxodo de peruanos, los panfletos de la Cruz Roja, los Derechos Humanos, la ayuda a los desaparecidos, todos ganan. Los secuestradores cobran menos de lo que se gana con la noticia. Para lo que deben hacer no se necesita un plan de acción ni ideologías, se hace así, así «no más»... pum... pum. Les aseguro que todo el mundo los comprenderá. Ya se ha propalado tanto sobre sus miserables condiciones de vida que no necesitarán excusarse.

¡Entiendan! Nadie los va a culpar de nada. Estoy seguro de que no lo harán. Les será a ellos más divertido ver cómo los matan, ver cómo se mueren famélicos, enfermos, lloriqueando en hospitales, postas, maternidades. ¡Oh, esas mujeres con sus jorobas ventrales! La vida en la choza tipo Thoreau. Esa vida de beduinos en los desiertos con sus cajones de esteras. No digan tampoco que no hay agua, en Lima casi nunca ha llovido, así que ¿de qué se quejan? El sol siempre ha sido uno de nuestros símbolos. La electricidad es peligrosa. No se les ocurre cuántos niños y adultos se han electrocutado por esos adelantos técnicos. -Váyanse del país aquellos que inconformes se quejan. Naden mar adentro. Un poco más allá —en línea recta— están Australia, Japón, China, países que en verdad les valdría la pena visitar. Son agradables. Lo que no sé es si les gustará otra realidad que no sea esta. Lo que sí sé es que gracias a narcos, guerrilleros marginados, asentamientos humanos, pobreza, enfermedades, desocupados, ladrones, estafadores, falsificadores, funcionarios corruptos y huelguistas, los intelectuales y profesionales acaparan programas y columnas periodísticas, se están llenando los bolsillos como cualquier mercader. Debe ser realmente insultante para ustedes, o quizá piensen que se les gratificará algún día. Yo que ustedes cobraría ya. Ahora. Piensen en la devaluación continua. Olvidada. Los presos deberían pedir reducción de condena por sus espectáculos. También ellos colaboran. Si no delinquiesen, ¿de qué viviría la burocracia judicial? La coima, el soborno... desde el portero siguiendo todos los escalafones ascendentes, hasta llegar a las togas.

Ustedes --¡oh, mi pueblo!— son los que en verdad hacen que este país funcione. Creo que en su callada y tímida modestia algún día los reconocerán, o acaso ya estarán agradecidos con su aporte. Eso sí: ya no se quejen, les quita dignidad. ¿Se dice dignidad?

¿No cree que su respuesta es burlescamente macabra o en verdad piensa así?... Tola mira una de las paredes del taller donde pende esa especie de dios o crucificado aún inconcluso pero terrible, en el que está trabajando. No dice nada y vuelve a escribir. Todo está en silencio.

Mucho he visto y ha pasado. La imaginación no cumple en esto ninguna función. Existen nuevos sentimientos. Lo que puede parecer cólera, odio, indiferencia, burla, ironía, lo es en verdad. Antes repudiaba la violencia. Ahora esta masiva pasividad popular, esa laxitud, ese aceptar lo que les impongan, acomodarse a cualquier circunstancia, ese servil sometimiento, la protesta desganada, LA HUELGA FOLKLÓRICA, la reclamación postergada, la credibilidad a inciertas promesas, la explotación que soportan, esa estoica actitud ante el hambre, el trabajo mal pagado, la enfermedad sin cura, sin auxilio, el conformismo respecto al hurto gubernamental y burocrático, a la falta de agua, desagüe... ¡Mierda, a todo eso!... Esa pasividad fue realmente —ahora me doy cuenta— lo que transformó una idea en otra. Nunca vi así de vergonzosa la realidad. Pasé casi dos meses sin ver televisión ni leer un diario. No quería amargarme más. La realidad de por sí es notoria. Ayer vi televisión, leí un diario; era exactamente igual que hace dos meses. No creo que esto pueda seguir así. No puede ser.


No es que la violencia sea necesaria, es ya obligatoria. No pueden pasar los días así de indiferentes con seres humanos que están muriendo —no enumeraré razones—, viviendo de esta brutal manera por una huelga de médicos, enfermeras, falta de liquidez para pagar sueldos, alimentos inaccesibles... Cualquiera de nosotros podría continuar. Las condiciones de vida en las barriadas, los micros, el trato a la gente, el despotismo, la corrupción. El ser engañados sistemáticamente. Esas promesas entre un cambio de gobierno y otro. Las soluciones a largo o corto plazo nunca serán reales. Ya las han oído antes. ¿Seguirán escuchándolas? ¿Creyendo? Es cierto; sí lo pueden aguantar; ya entonces da lo mismo ofrecerles que el no hacerlo. Si nada los encoleriza lo suficiente como para poder calmarlos con tres ilusas promesas, si así les gusta, si se conforman con una realidad que-casi-comparten-todos, entonces no le temamos tampoco a la violencia de unos cuantos. La subversión morirá por su propio peso. Será sólo otro de nuestros atractivos tercermundistas. Si el pueblo lo aguanta y cualquier cosa le es indiferente a uno tanto como a otro. Esto es risible o de un patetismo misericordioso que no comparto. La sangre, la muerte, debe ser igual para todos, no (gratuita sólo para unos y desafortunada para un pequeño resto. La muerte no es parte de la vida sino su fin, no se les puede dar a algunos como un elemento injertado en cualquier momento del transcurso de sus vidas...

Abre uno de los cajones del escritorio para sacar más papel y veo un montón de manuscritos. Abre otro cajón y también está repleto. Le pregunto qué guarda, contesta algo en voz muy baja... como que están vacíos y que me he equivocado, que he visto mal; insisto en lo que he observado...

¿Qué sórdida idea cruzó sus mentes al pensar poder engañarme? ¿Cómo imaginárselo? i Invidentes de ceguera! ¿No vieron en el cajón de la izquierda de mi escritorio? Pentotal, Euripán, Narcovenol, Narconumal, Maconilorea, Amital. Incluso poseo Escapalomina con una esvástica nazi. Podría hacerles decir no sólo lo que han pensado, sino lo que no han siquiera imaginado.

Cada uno de estos frascos les haría decir la verdad que ocultan y repetir sus mentiras con las que simulan saber algo. Más les con vendría evitar esos «estados crepusculares provocados» por estos «sueros», e ingerir una tableta del frasco verde del cajón de la derecha, son simples pastillas de Actedrón, un poderoso estimulante nervioso que imprime una extraordinaria lucidez temporal. Les sería una experiencia extraña, desconocida, de lo c.c. de Defenol, inyectada directamente al corazón produce una muerte sencilla, parecida casi a la natural. Algunos rumores dicen que los dolores indescriptibles no se recuerdan después. Nadie lo ha atestiguado hasta hoy. Las otras pastillas envueltas en papel acerado son de mentol, estas quitan el mal aliento y refrescan la cavidad bucal. Los del cajón de la izquierda, aquellos «sueros», según las pruebas que he realizado con estos y otros, incluyendo el mescal, no son suficientemente intensos para aniquilar el libre albedrío, cualidad humana que se supone poseen to-dos los seres pensantes corno nosotros. ¿Qué mentira? ¿Cuál verdad se puede ocultar y no saber en menos de doce minutos? ¿Cómo engañarme? ¿Cuál sería la razón? En el cajón de la derecha, debajo del otro, hay un sobre amarillo. Es una vieja fórmula con la garantía de calidad de todos los productos alemanes. Es fácil de recordar: «Doce libras de grasa humana, diez litros de agua y de ocho a una libra de soda cáustica. Se hierve el conjunto durante dos o tres horas, se deja enfriar»... y se obtiene jabón. Dudo que sea rentable hacer de esto un negocio; pero, como en todo, nunca se sabe. Lo que hay que tratar es de memorizarla o, de otra forma, copiarla para evitar errores. También hay que controlar su venta a ciertas razas o personas.

Algunos reaccionarían violentamente, otros les vomitarían encima. Son impredecibles las actitudes que, como vendedores, se les podrían presentar. Las demás cosas que poseo ocultan peligros fatales —no digo mortales por no asustar— pero todo depende de la dosis utilizada o de una estúpida aplicación. No saberla vendría a ser como hurtar su propia muerte. Ningún frasco contiene indicaciones específicas. Los nombres han sido sustituidos por números que corresponden al alfabeto latino. Esta es la razón por la cual dejo entrar sólo a pocas personas. Un guardián cuida mi puerta cada día. Todos los días. Es sólo por seguridad: la de ustedes. Aprendan lo que escrito está debajo de este vigía. La traducción la guardo en la cocina. Procuren recordar el lugar antes de intentar regresar. Los antídotos que poseo caducaron hace tres años, seis meses y nueve días.

Usted tiene una leyenda según la cual hay que acercársele con cuidado. Un pintor maldito. Un artista inmerso en un mundo terrible. ¿Qué hay de cierto?... Esboza una leve sonrisa, irónica. Las horas seguirán corriendo mientras escribe con una concentración descomunal.

Hoc erat in votis. 
Horacio, Sátiras, VI

Entre una imagen de «medio loco» y «maldito» resido aquí como artista. Irónico sería decir que no conozco el país en el cual vivo, donde existe una tendencia persistente por fomentar esa imagen. Creo que en la suposición sobre las condiciones «mentales» en que trabajo, existe una distorsión. Ningún artista podría hacerlo como suponen. Se necesita, ya no diré ser «cuerdo», pero sí poseer una «extraña lucidez» y un conocimiento superior al nivel intelectual normal. Quien no los tenga terminará en el intento inútil por tratar de crear. Decir si los tengo o no es el riesgo de casi 27 años de trabajo, primero como aprendiz de pintor, luego como estudiante de arte, y a lo largo de una existencia dedicada al entendimiento de «esa nada». No creo que sea un «loco» o pertenezca al género de los «malditos». Vivo en un medio agresivo, hostil, dentro de una soledad y en un país convulsionado, atroz, cruel. No me inmiscuyo en él como participante, esta realidad «le entra a uno por los poros». No se puede dejar de sentirla. No la evado, pero la atrocidad crea una conciencia que se asume a sí misma.



El arte para mí no es una actividad hedonista ni apacible, es la obstinación por concebir y conocer algo que podría dejar de existir o internarse en un manicomio estatal. Si esto es la vida, como poco a poco he ido conociéndola, la vergüenza del ser humano radica en el silencio. Ya estoy harto de hablar o escribir sobre mi trabajo, pero creo que existe una obligación moral e intelectual de hacerlo, aunque de esto se debería encargar la crítica profesional. Lo único que tengo es mi vida, el esfuerzo y mi obligación. Dejémoslo así.

En su mesa de dibujo hay bocetos que de inmediato hacen pensar en violencia, muerte. Una reproducción fotográfica tamaño tabloide frente al escritorio muestra a un ahorcado al que golpean con una silla plegable. Se lo señalo y también le muestro una escena del motín en El Sexto. ¿Por qué la atracción por la violencia, la muerte? Coge una hoja, cambia de lápiz. Busco un libro y encuentro el Informe Sábato„ Empiezo a leer y encuentro anotaciones y frases subrayadas sobre torturas... me interrumpe y me alcanza una carilla.

La atracción por esos aspectos es fatal. Carezco de ella. Me interesa profundamente, pero su atractivo es un «divertimento» masoquista que resulta trágico a corto plazo. La muerte en sí no me interesa, sino el acto, su ejecución, el porqué. Tratar de entender esa atribución de una facultad que no es dada a nadie, ni adquisitiva ni disculpable, pero existe, se practica. No estoy en contra. Trato sólo de comprender las motivaciones, la actitud y la forma de llevarla a cabo.

La violencia es comprensible en este país por la situación en la cual vivimos o vive una mayoría, que ya no responde a los términos humanos aceptables. Esto es responsabilidad del gobierno y sus representantes, y no tiene justificación. Guste o no, No hay siquiera responsabilidades compartidas, tampoco es cuestión de deslindar culpas. No hay tiempo. La historia ha permitido determinados «errores» que se entienden como equívocos casuales, comprensibles e inimpugnables. La Iglesia, Rusia, EE.UU., Argentina, Alemania... todos han utilizado el genocidio como un simple hecho histórico no atentatorio contra los Derechos Humanos, pero de esto queda sólo una lección por aprender.

Dar una idea, un ejemplo, no da derecho a ser requerido para dar otras opiniones o consejos. Pongamos uno simple e inadvertido históricamente: la Gran Epidemia Gripal de 1918 causó la muerte de 21'64o,000 (veintiún millones y tantos mil) personas. Sólo fue una gripe. ¿Qué cifra calcularíamos de haber sido una imberbe sida, un par de pulgas o algún microorganismo anónimo? Esto es lo de menos. El número de víctimas casi iguala la población de nuestra patria. ¡Ni Hitler, Hiroshima o Nagasaki lo igualan! Sobre las cantidades no miento, quizá uno más uno menos, esto no modifica la idea.


Un exterminio fratricida en este país podríamos justificarlo con un atenuante histórico y esta desgracia apenas recordarse como una simple intoxicación generalizada por la ingestión de «pan popular». Creo que nadie lo cuestionaría. Esta última frase parecerá por un instante sin sentido... dicen que ciertos ejércitos cuando eran derrotados mataban a sus generales. ¿Significa algo ahora?...".



MORALEJAS
"Cuando el pintor Tola vivaba a Sendero Luminoso"
SEMANARIO HILDEBRANDT EN SUS TRECE, EDICIÓN N° 218. PAG. 28-29-38
Viernes, 19 de septiembre del 2014




jueves, 1 de diciembre de 2016

Angelus novus I & II / Enrique Verástegui

Toda época está
en retroceso y todo presente es pasado devorado
en el futuro y aquel 17 de febrero de 1600
Giordano Bruno, poeta,
loco y filósofo que en la duda encontró su verdad
nació para todos
y yo nací con él, yo soy Giordano Bruno.

De Angelus novus (1989)

Enrique Verástegui





De Angelus novus I
Enrique Verástegui
[PDF]


De Angelus novus II
Enrique Verástegui
[PDF]

jueves, 19 de mayo de 2016

Marco Aurelio Denegri / Exótico


"La originalidad de Kotelnikov consistía en su gusto declarado por las negras. Que en la Rusia zarista del Ochocientos alguien gustase de las negras era por cierto estupefaciente... Entonces Kotelnikov confeso que le gustaban por su "gran ardor" y porque tenían "algo exótico"






Marco Aurelio Denegri,  Exótico

(El Comercio, 11 de nobiembre de 2013)



miércoles, 27 de enero de 2016

lunes, 25 de enero de 2016

Las mermeladas de OCRAM


La compras del APRA. Rolando Toledo (amigo de Miguel del Castillo) compró hace unas semanas Utero.pe . El APRA trabaja silenciosamente. "Rolando Toledo es gerente general de la Red Científica Peruana, compró la página Utero.pe. su reducido equipo de planta se mudó a las nuevas oficinas de la RCP en Surquillo. Su fundador, Marco Sifuentes, pasó a un “consejo consultivo”. La adquisición se suma a La Mula y la revista Poder". Los apristas también han comprado acciones en el canal 11. Ahora entiendan la jugada tontos útiles. (Imagen revista Caretas).





jueves, 3 de diciembre de 2015

Peregrinaciones en el Perú / Marcela Olivas Weston

"Con la conquista hispana estas tradiciones y su geografía sagrada fueron transformadas, principalmente por la labor y estrategia evangelizadora de cada una de las órdenes que llegaron a tierras americanas: dominicos, mercedarios, franciscanos, agustinos y jesuitas trataban de salvar a los indígenas de sus prácticas idólatras o “cosas del diablo”.(5) 


Empeñados en difundir la doctrina cristiana de acuerdo a las características espirituales del clero de cada parroquia o de la historia de estas órdenes surgieron una diversidad de advocaciones traídas de España, en los lugares más alejados de la capital del Virreinato, hubieron milagrosas apariciones de vírgenes y Cristos, siempre cerca de antiguos sitios prehispánicos y que con el tiempo lograron concentrar la devoción de sus habitantes, como explica E. Morote Best : ”Muchas veces fueron halladas entre peñascos y montes, otras surgieron atrapadas por la reja de los arados que empuñaban los labriegos: no pocas fueron obras de misteriosos escultores o hechura de rústicos artesanos que a fuerza de fe y azuela fabricaron obras de arte u objetos de devoción, valiéndose de maderos que sangraban como hombres… otra variedad constituyen los numerosos y casi interminables relatos que ubican imágenes en rocas o montes donde se les halla por casualidad”. (6) Por ello la peregrinación cristiana en esta parte del continente sudamericano es la continuidad de la evolución del Peregrinaje Europeo.
Sin embargo, este enfrentamiento de creencias religiosas tan distintas, con raíces opuestas, trajo como consecuencia el exterminio en algunos casos o el repliegue y la clandestinidad en otros de los cultos ancestrales, por temor a las represalias de las campañas de los “extirpadores de idolatrías (7).Violenta y desgarradora, esta confrontación originó un proceso profundo de transformación de la sociedad de entonces y, siguiendo estas huellas, es que hoy encontramos el origen de estas devociones y de la forma en que se manifiesta la actual religiosidad popular en el Perú.


Peregrinaciones en el Perú - La fuerza de la Devoción
Marcela Olivas Weston
Revista del Cidap

Peregrinos de la fe - Marcela Olivos
Revista El Peruano 
5-7


sábado, 28 de noviembre de 2015

Después de la muerte. Voces del limbo y el infierno en territorio andino / LUIS MILLONES SANTA GADEA

"Todas las sociedades del mundo dice Millones- han reflexionado sobre lo que sucede después de la muerte. Las que poblaron los Andes han debido tener una enorme riqueza imaginativa cuyos testimonios iconográficos nos alumbran. También ponen en evidencia lo poco que sabemos acerca de ellas, dado que no hemos podido descubrir los instrumentos de comunicación no verbal. Nuestra información sobre su cultura religiosa proviene íntegramente de quienes se encargaron de destruirla, o bien, tardíamente de mestizos o indígenas conversos (Juan Santa Cruz Pachacuti, Felipe Guamán Poma de Ayala, Garcilaso de la Vega o el misterioso autor del manuscrito de Huarochirí)."




Siempre los seres humanos se han preguntado ¿qué hay más allá de muerte? Las respuestas son diversas y varían de acuerdo a creencias religiosas, principios filosóficos, a la cosmovisión, a una visión ácrata y agnóstica. Se trata de un tema tan antiguo como el ser humano y se afirma que cuando alguien nace, viene acompañado de su propia muerte.
Luis Millones ha publicado: Después de la muerte. Voces del Limbo y el Infierno en territorio andino. Un innovador estudio en pueblos y comunidades del Perú.
Pero Luis Millones ha indagado en pueblos y zonas, donde hay una marcada cosmovisión y una ideología creada para soportar el significado de la muerte. Así por ejemplo, en Carhuahuarán (Ayacucho), después de la muerte, el Infierno era un lugar para terratenientes, donde tenían que pagar los abusos. 


Pero a partir de 1980, con la presencia de la violencia política, el Infierno abre sus puertas para los asesinos. Ahora, el narcotráfico hace que el Infierno se ubique en la Amazonía, específicamente en los cocales.



En el desierto del norte, se cree que irán al Infierno quienes no sean atendidos con ritos y medicina de maestros curanderos. Así, la idea de la muerte se recrea frente a la orfandad cósmica y alimenta a distintas formas de imaginar la eternidad. 



“Todas las sociedades del mundo – dice Millones- han reflexionado sobre lo que sucede después de la muerte. Las que poblaron los Andes han debido tener una enorme riqueza imaginativa cuyos testimonios iconográficos nos alumbran. También ponen en evidencia lo poco que sabemos acerca de ellas, dado que no hemos podido descubrir los instrumentos de comunicación no verbal. Nuestra información sobre su cultura religiosa proviene íntegramente de quienes se encargaron de destruirla, o bien, tardíamente de mestizos o indígenas conversos (Juan Santa Cruz Pachacuti, Felipe Guamán Poma de Ayala, Garcilaso de la Vega o el misterioso autor del manuscrito de Huarochirí)”.



Por esa razón, los libros de Millones se caracterizan por ser trabajos de campo y sus significativos aportes etnográficos son coherentes, novedosos. Provienen de un largo como inteligente proceso de investigación, de una observación participante alejada de citas bibliográficas que aburren al lector y sin duda, le quitan la convincente magia de la palabra y fluidez del conocimiento.


LUIS MILLONES SANTA GADEA / 
Después de la muerte Voces del limbo y el infierno en territorio andino
[PDF]


domingo, 25 de octubre de 2015

Marco Aurelio Denegri / Dos Sinsentidos

"Si se admitiera que el universo es obra de un Creador, habría que preguntarle inmediatamente al Creador por qué tuvo la ocurrencia de hacer algo tan mal hecho. Los gnósticos ya se habían dado cuenta de esto y manifestaban fundadamente que el mundo no lo creé Dios, sino el diablo, en un momento en que Dios estaba descuidado…”

Marco Aurelio Denegri, Dos Sinsentidos

(El Comercio, 04 de Noviembre de 2013)


Marco Aurelio Denegri / El Principio de Peter

"Todas las personas tienen un punto límite en su capacidad de seguir progresando y adquiriendo mayor responsabilidad. si sobrepasan ese punto límite, entonces entran inmediatamente en su nivel de incompetencia…”




Marco Aurelio Denegri, El Principio de Peter

(El Comercio, 21 de octubre de 2013)


Marco Aurelio Denegri / Rumor y Creencia

"Bergson decía que la inteligencia tiene un poder corrosivo y socavante. a ello se debe que el Orden Establecido haya desconfiado siempre del talento y la inteligencia y por supuesto de las ideas. Las ideas incomodan, pero no las creencias…”






Marco Aurelio Denegri, Rumor y Creencia 

(El Comercio, 30 de Setiembre de 2013)

sábado, 24 de octubre de 2015

La Casa de Cartón / Martín Adán

"Escri­bió J. C. Mariategui la siguiente nota: "Estas páginas pertenecen a un libro de Martín Adán, —prosador y poeta peruano—, que se titula también La Casa de Cartón. Martín Adán es un debutante que desde su ingreso en nuestra asamblea lite­raria se sienta con desenfado entre los primeros. No tenemos ningún empeño en revelarlo, porque es de los que revelan solos. Su presentación no necesita padrinos. Aunque acaba de llegar, Martín Adán tiene ya el aire desenvuelto de un antiguo camarada. No diremos siquiera a que generación pertenece, para que nadie afirme que le abrimos un crédito excesivo e imprudente a la "nueva generación".



De la publicación de este libro soy un poco responsable; pero como todas mis res­ponsabilidades acepto y asumo ésta sin re­servas. Amanecida en una carpeta de esco­lar, esta novela se asomó por primera vez al público desde las ventanas de Amauta, tres anchos trapecios inkaicos como los de Tamputocco, de donde están mensurando el porvenir los que mañana partirán a su conquista. Martín Adán no es propiamente vanguardista, no es revolucionario, no es indigenista. Es un personaje inventado por él mismo, de cuyo nacimiento he dado fe. pero de cuya existencia no tenemos todavía más pruebas que sus escritos. El autor de Ramón es posterior a su caricatura, contra toda ley biológica y contra toda ley lógica de causa y efecto. Las cuartillas de la novela estaban escritas mucho antes de que la necesidad de darles un autor produjese esa conciliación entre el Génesis y Darwin que su nombre intenta (Constituían una literatura adolescente y clandestina, paradójicamente albergado en el regazo idílico de la Acción Social de la Juventud). Más aún, por humorismo Martín Adán se dice reaccionario, clerical y civilista. Pero su herejía evidente, su escepticismo contumaz, lo contradicen. El reaccionario es siempre apasionado. El escepticismo es ahora demoburgués, como fue aristocrático cuando la burguesía era creyente y la aristocracia enciclopedista y volteriana. Si el civilismo no es ya capaz sino de herejía, quiere decir que no es capaz de reacción. Y yo creo que la herejía de Martín Adán tiene este alcance; y por esto, me he apresurado a registrarla como un signo, Martín Adán no se preocupa, sin duda, de los factores políticos que, sin que lo sepa, deciden su literatura. 

He aquí, sin embargo, una novela que no habría sido posible antes del experimento billinghurista, de la insurrección "colónida" de la decadencia del civilismo, de la revolución del 4 de julio y de las obras de la Foundatión. No me refiero a la técnica, al estilo, sino al asunto, al contenido. Un joven de gran familia, mesurado, inteligente, cartesiano, razonable como Martín Adán, no se habría expresado jamás irrespetuosamente de tantas cosas antiguamente respetables; no habría denunciado en términos tan viva­ces y plásticos a la tía de Ramón, veraneante y barranquina, ni la habría sacado al público en una bata de motitas, acezante, estival e íntima con su gato y su negrita; no habría dejado de pedirle un prólogo a don José de la Riva Agüero o al doctor Luis Varela y Orbegoso ni habría dejado de mostrarse un poco doctoral y universitario en una tesis, llena de citas, sobre don Felipe Pardo o don Clemente Althaus, o cualquier otro don Felipe o don Clemente de nues­tras letras. Sus propios padres no habrían cometido la temeraria imprudencia de matricularlo en un colegio alemán de donde tenía que sacar, junto con unas calcoma­nías de Herr Oswaldo Teller, cierta escru­pulosa consideración por Darwin, la ciencia ochocentista y sus teorías recónditamente liberales, protestantes y progresistas. Creci­do años atrás, Martín Adán se habría edu­cado en el Colegio de la Recoleta o los Jesuitas, con distintas consecuencias. Su matrícula fiel en las clases de un liceo alemán, corresponde a una época de crecimiento ca­pitalista, de demagogia anticolonial, de derrumbamiento neogodo, de enseñanza de las lenguas sajonas y de multiplicación de las academias de comercio. Epoca vagamente preparada por el discurso del doctor Villarán contra las profesiones liberales, por el discurso del doctor Víctor Maúrtua sobre el progreso material y el factor económico y por las conferencias de Oscar Víctor Salomón, en Hyde Park, sobre el Perú y el capital extranjero; pero concreta, social, material y políticamente representada por el leguiísmo, las urbanizaciones, el asfalto, los nuevos ricos, el Country Club, etc. 

La literatura de Martín Adán es vanguardista porque no podía dejar de serlo; pero Martín Adán mismo no lo es aún del todo. El buen viejo Anatole France, inveterado corruptor de menores, malogró su inocencia con esos libros de prosa melódica en que todo, hasta el cinismo y la obscenidad, tiene tanta compostura, erudición y clasicismo. Y Anatole France no es sino un demoburgués de París deliberadamente desencantado, profesionalmente escéptico, pero lleno de un supersticioso respeto al pasado de una ilimitada esperanza en el porvenir; un pequeño burgués del Sena, que desde su juventud produjo la impresión de ser excesiva y habitualmente viejo —viejo por comodidad y espíritu sedentario—. Martín Adán está todavía en la estación anatoliana, aunque ya empiece a renegar estos libros que lo iniciaron en la herejía y la escepsis. En su estilo, ordenado y elegante sin arrugas ni desgarramientos, se reconoce un gusto absolutamente clásico. En algunas de las páginas de La Casa de Cartón hay a ratos hasta cierta morosidad azoriniana. Y ni en las páginas más recientes se encuentra alucinación ni pathos suprarrealista. Martín Adán es de la estirpe de Cocteau y Radiguet más que de la estirpe de Morand y Giraudoux. En la literatura le ocurre lo que en el colegio no puede evitar las notas de aprovechamiento Su desorden está previamente ordenado. Todos sus cuadros, todas sus estampas, son veraces, verosímiles, verdaderas. 

En La Casa de Cartón hay un esquema de biografía del Barranco o, mejor, de sus veranos. Si la biografía resulta humorística, la culpa no es de Martín Adán sino del Barranco. Martín Adán no ha inventado a la tía de Ramón ni su bata ni su negrita; todo lo que él describe existe. Tiene las condiciones esenciales del clásico. Su obra es clásica, racional, equilibrada, aunque no lo parezca. Se le siente clásico, hasta en la medida en que es anti-romántico. En la forma acusa a veces el ascendiente de Eguren; mas no en el espíritu. En Martín Adán es un poco egureniano el imaginero, pero sólo el imaginero. Anti-romántico —hasta el momento en que escribimos estas líneas, como dicen los periodistas— Martín Adán se presenta siempre reacio a la aventura. "No te raptaré por nada del mundo. Te necesito para ir a tu lado deseando raptarte. ¡Ay del que realiza su deseo!". Pesimismo cristiano, pragmatismo católico que poéticamente se sublima y conforta con palabras del Eclesiastés. Mi amor a Ya aventura es probablemente lo que me separa de Martín Adán. El deseo del hombre aventurero está siempre insatisfecho. Cada vez que se realiza, renace más grande y ambicioso. Y cuando se camina de noche al lado de una mujer bella hay que estar siempre dispuesto al rapto. Algunos lectores encontrarán en este libro un desmentido de mis palabras. Pensarán que la publicación de La Casa de Cartón a los diecinueve años, es una aventura. Puede parecerlo, pero no lo es. 

Me consta que Martín Adán ha tomado todas sus precauciones. Pública un libro cuyo éxito está totalmente asegurado. Y sin embargo, lo publica en una edición de tiraje limitado, antes de afrontar en una edición mayor al público y la crítica. Escri­tor y artista de raza, su aparición tiene el consenso de la unanimidad más uno. Es tan ecléctico y herético, que a todos nos reconci­lia en una síntesis teosóficamente cósmica y monista. Yo no podía saludar su llegada sino a mi manera: encontrando en su lite­ratura una corroboración de mis tesis de agitador intelectual. Por esto, aunque no quería escribir sino unas cuantas líneas, me ha salido un acápite largo como los edito­riales del doctor Clemente Palma. Si a Mar­tín Adán se le ocurre atribuirlo al pobre Ra­món, como sus "poemas Underwood", habrá logrado una reconciliación más difícil que la del Génesis y Darwin.


POR MARTÍN ADÁN* 



* Colofón a la novela de Martín Adán, Impresiones y Encua­dernaciones "Perú", Lima, 1928. Publicado también en Amauta, Nº 25, mayo-junio de 1928, en la sección "Libros y Revis­tas", pág. 41. Con motivo de la publicación de un fragmento de este libro en Amauta (Nº 10, diciembre de 1927), escri­bió J.C.M. la siguiente nota: "Estas páginas pertenecen a un libro de Martín Adán, —prosador y poeta peruano—, que se titula también La Casa de Cartón. Martín Adán es un debutante que desde su ingreso en nuestra asamblea lite­raria se sienta con desenfado entre los primeros. No tenemos ningún empeño en revelarlo, porque es de los que revelan solos. Su presentación no necesita padrinos. Aunque acaba de llegar, Martín Adán tiene ya el aire desenvuelto de un antiguo camarada. No diremos siquiera a que generación pertenece, para que nadie afirme que le abrimos un crédito excesivo e imprudente a la "nueva generación".

Su ficha bibliográfica está todavía en blanco. Pero La Casa de Cartón es un documento autobiográfico: memorias novelescas de la adolescencia estudiosa y aplicada, aunque un poco imperti­nente, de un colegial que, a pesar suyo, ganó siempre en sus exámenes las más altas notas. Si todo debut es un exa­men, Martín Adán tiene asegurado otro 20. Su nombre, se­gún él, reconcilia el Génesis con la teoría darwiniana. Le hemos obyetado, privadamente, que Martín se llaman los [nonos sólo en Lima y el Barranco y que Adán es un pa­tronímico inverosímil. Más si Martín Adán se llama así real­mente, no cabe duda que se trata de un humorista y hereje de nacimiento. Lo sacamos al público en flagrante herejía. La primera consecuencia de este debut será, acaso, una ex­pulsión de la A.S.J. Lo deploraríamos mucho porque Martín Adán, además de ser una persona muy bien educada, como los demócratas equívocos de Don Nicolás de Piérola, cuando "no se sienten tales, se marchan solos"

La Casa de Cartón 
Martín Adán
[PDF]

Las Mentiras Convencionales de la Civilización / Max Nordau

"La religión fue una de las «mentiras» reiteradamente cuestionadas por la pluma de Max Nordau, cuyo padre había sido el rabino Gabriel Suedfeld. Cuando éste falleció, el escritor tenía 23 años y debió asumir la jefatura de su familia. Se graduó de médico y se trasladó de Hungría a París con su anciana madre y única hermana. Al poco tiempo fue corresponsal de un diario húngaro en gira por varias ciudades, y terminó absorbido enteramente por las letras y el periodismo"


En 1795 el plan de «paz perpetua» de Kant auguraba que el siglo XIX clausuraría la prehistoria bélica de la humanidad. El fin de las guerras napoleónicas alimentó esa esperanza, a la que siguió una gran desilusión. Irrumpía una conciencia colectiva de desánimo, una neurosis grupal que el crítico Charles Sainte-Beuve denominó «el mal del siglo» al aplicarla a la obra de los románticos tempranos. Los grandes sueños chocaban contra limitadas realizaciones.
La depresión general motivó La confesión de un hijo del siglo de Alfred de Musset (1836), novela testimonial y autobiográfica que desgrana, en particular, la malograda relación de su autor con George Sand y, en general, la desazón europea a partir del Congreso de Viena. Emergía una filosofía del desencanto, tanto en lo político como en lo artístico.
Esta bifurcación operó también en el pensador Max Nordau (1849-1923) quien medio siglo después de Musset noveló la fastuosa vanidad de las clases acomodadas y la tituló El Mal del Siglo (1888).
Las obras de Nordau venían a cuestionar ésa y otras «mentiras»: la comedia El Derecho de Amar fue una réplica a Casa de Muñecas de Ibsen, y Matrimonios Morganáticos una denuncia de la «mentira» monárquica, a través de las desdichas de una princesa. Cuando Rafael Cansinos-Assens la tradujo al castellano, la llamó en el prólogo «libro de combate».
La religión fue una de las «mentiras» reiteradamente cuestionadas por la pluma de Max Nordau, cuyo padre había sido el rabino Gabriel Suedfeld. Cuando éste falleció, el escritor tenía 23 años y debió asumir la jefatura de su familia. Se graduó de médico y se trasladó de Hungría a París con su anciana madre y única hermana. Al poco tiempo fue corresponsal de un diario húngaro en gira por varias ciudades, y terminó absorbido enteramente por las letras y el periodismo.
La definición de «mentira» resulta de su obra más famosa Las mentiras convencionales de la civilización (1883), un notable éxito editorial traducido a quince idiomas, proscrito en Rusia, y prohibido y quemado públicamente en Austria.
«Las mentiras» enumeradas por Nordau son la religiosa, la aristocrática, la política, la económica, la nupcial, la de la prensa, de la justicia y de la opinión pública, y derivan de la discordancia entre nuestra concepción del mundo y las normas e instituciones que nos rigen. O, en sus palabras, «el desacuerdo entre las mentiras convencionales reinantes y la concepción científica del mundo que se rebela contra ellas».
Nordau arremete contra el nihilismo, el egoísmo, la irracionalidad y la cobardía, y concluye su libro con un mensaje optimista acerca del futuro, contrapuesto al «pesimismo, egoísmo e hipocresía característicos de la civilización de hoy».
Hasta el momento en que se sumó al movimiento sionista, poco había incursionado Nordau en cuestiones judías. La excepción fue su comedia dramática El Doctor Kohn (1896) cuyo protagonista intenta infructuosamente superar la judeofobia asimilándose al medio.
La judeofobia no podría superarse por medio de «leyes emancipadoras» que nunca alcanzaban para contrarrestar los prejuicios milenarios. Observa al respecto de la Revolución Francesa: «Los hombres de 1791 nos emanciparon por dogmatismo.»
El protagonista Kohn es precisamente un judío culto, renuente a ser «tolerado» y desengañado de la falsa igualdad ante la ley. No llega a consumar su amor por una joven debido al duelo al que lo somete el hermano de ésta, un oficial del ejército alemán que termina matándolo (el duelo es otra de las prácticas de marras estigmatizada por Nordau como «mentira convencional»).
Con todo, de entre sus obras hay otra que sobresale por la estupefacción que generó: Entartung o Degeneración (1895), un devastador análisis psicológico de la creatividad artística, que redunda en crítica acérrima contra el arte moderno.
En efecto, Cecil Roth en su clásico La contribución judía a la civilización(1944) sostiene que fue modesto el rol de los judíos en el nacimiento del arte moderno a fines del siglo XIX, lo que se pone aun más de relieve por el hecho de que fuera un judío su máximo detractor.
El arte moderno se desentendió de su previa función descriptiva de objetos e ideales. Para los movimientos que emergieron a fines del siglo XIX el artista no veobjetos. Así para el impresionismo francés el pintor ve la luz que los objetos reflejan(por ello, para captarla el pintor debe crear a la intemperie y no en estudios), y para el expresionismo alemán el arte no imita la naturaleza: la transforma, ya que la visión interna del artista distorsiona la realidad.
El citado comentario de Cecil Roth subestimó la participación de hebreos en el arte moderno. Por lo menos dos exponentes fundamentales del impresionismo fueron en efecto judíos: en Alemania Max Liebermann y en Francia Camille Pisarro, quien guió a sus amigos Cézanne y Gauguin. En el propio Van Gogh influyó ostensiblemente el judeo-holandés Josef Israels, precursor del impresionismo en cuestiones de color y luminosidad, y en el juego libre de tonalidades.
Lo que sí es cierto es que el nuevo arte fue asediado por Nordau, quien arremete en Degeneración contra el Fin-de-Siècle y su declinación. Por medio de contrastar el arte con la ciencia, produjo un libro que abordaba desde una posición cientificista a diversos innovadores: Huysmans, Lautremont, Maeterlinck, Mallarmé, Nietzsche, Ruskin, Swinburne, Verlaine, Wagner, Walt Whitman y Oscar Wilde.
Su inspirador había sido otro judío, el criminólogo Cesare Lombroso, quien en El hombre criminal (1876) había intentado demostrar la supuesta condición genética del instinto malhechor. A Lombroso dedica Nordau su embate racionalista contra los artistas modernos, a quienes consideraba víctimas de una fatiga y excitación nerviosa que llevaba a cierto desorden mental.
El libro puso de relieve los estragos del escepticismo moral, del «mal del siglo», y desenmascaró el esnobismo y la supuesta ruindad de quienes como Emile Zola y los naturalistas, veían en el mundo sólo brutalidad, infamia, fealdad y corrupción, o quienes, como Schopenhauer, irradiaban pesimismo filosófico.
Para Nordau «las novelas de Zola no prueban que las cosas de este mundo son malas, sino simplemente que el sistema nervioso de Zola está descompuesto».
Mucho se polemizó contra esta tesis. Cuando el filósofo anarquista Benjamin Tucker solicitó de George Bernard Shaw su impresión por el éxito que venía teniendo Degeneración, Shaw redactó La cordura del arte (1907) en el que discute con «el judío cosmopolita Nordau», y lo refuta hábilmente citando párrafos del propio Nordau, para concluir con ironía: «cuando Ibsen critica al mundo, es porque el mundo es demasiado bueno para él; pero cuando Nordau lo hace, es porque él es demasiado bueno para el mundo».
En retrospectiva resulta tristemente paradójico que el nazismo enarbolara la tesis del supuesto «arte degenerado» pero previsiblemente atribuyéndolo a los judíos, de quienes se incineraron sus obras.
El sionismo de Nordau
Ya en el segundo párrafo de las Mentiras opinó Nordau que la judeofobia «es sólo una máscara, un pretexto cómodo para la manifestación de despreciables pasiones». Su preocupación lo llevó a abrazar el sionismo cuando conoció al primer político judío, Teodoro Herzl. Se convirtió en su fiel mano derecha y sucesor natural como presidente de la Organización Sionista Mundial (ulteriormente declinó el honor).
En rigor, fue su entusiasmo lo que mantuvo la perseverancia sionista de Herzl cuando se mofaban de este «rey de Sión» y el burlado procuró auxilio psiquiátrico de su amigo Nordau.
Quedaron grabados en la historia sionista sus memorables discursos y su postura cabalmente política. Nordau se opuso tanto a los sionistas culturales que aspiraban a recuperar la patria por vía de un renacimiento cultural (los llamaba despectivamente «espiritistas») como así también a los sionistas prácticos, que priorizaban la colonización por sobre la negociación política. En este contexto, terminó distanciándose del segundo gran presidente del sionismo, Jaim Weizmann (el científico que llegó a ser eventualmente en el primer Presidente de Israel).
Nordau presagió el Holocausto de los judíos europeos, y blandió un programa de evacuación de 600.000 de ellos, al que Weizmann se opuso considerando que «ni los israelitas estaban preparados para la dislocación, ni Palestina para absorberlos». Cuando la dirigencia sionista rechazó su plan bajo el mote de «sionismo catastrófico», Nordau sintió que la obra liberadora de los judíos «se retrasaba en cien años», y se retiró para siempre de la lid sionista.
El Programa de Basilea (la primera plataforma del sionismo moderno) había sido redactada por Nordau para el Primer Congreso Sionista (1897) en el que acuñó el término Heimstate (hogar nacional en lugar de Estado, ya que éste podía despertar la animadversión otomana).
En el Sexto Congreso (1903) defendió en lealtad a Herzl el «proyecto Uganda» bajo el concepto de Nachtasyl («asilo nocturno») que definía el rol del territorio africano para los hebreos. Un joven anti-ugandista, Chaim Selig Luban, intentó asesinar a Nordau y, en el juicio contra el agresor, la víctima defendió al agresor ante el juez.
En el Séptimo Congreso, el primero después de la muerte de Herzl, Nordau lo reemplazó con energía.
También en 1915 redactó el Programa Judío para la Conferencia de Paz, en la que el representante árabe Faisal de Hejaz aceptó la reconstrucción sionista de Palestina.
Durante la Gran Guerra, Nordau se trasladó a España. Expulsado de Francia con su esposa Anna y su única hija Maxa, residió en una buhardilla madrileña desde la que prosiguió su obra literaria: La Biología de la Ética, La Esencia de la Civilización, Impresiones de España, y Los Grandes del Arte Español. En 1920 regresó a París donde falleció.
El Mal del Siglo referido por Nordau embarga en buena medida al mundo actual. Después de que el siglo XX albergara al auge y derrumbe de los dos grandes totalitarismos, no faltó quien augurara para el siglo XXI la demorada era de la paz, acaso inspirado por Francis Fukuyama y su «fin de la historia».
Pero en ese aspecto el siglo XXI comenzó mal, generando en los devotos del progreso humano la misma vieja frustración, la sensación de que las fuerzas retrógradas que acechan pueden retrotraernos a un primitivismo que terminará por diluir los logros sociales a los que alcanzó Occidente. La escasez o vacilación de las fuerzas vitales de Europa en defender esos logros, redunda en un pesimismo colectivo parecido al de hace dos siglos.

Gustavo D. Perednik






Las Mentiras Convencionales de la Civilización 
Max Nordau
[PDF]